La banda del Empastre

El espectaculo de luces y sombras terminó a altas horas. Por las callejuelas de piedra fría el verano parecía no tener cabida. Caminaba mecanicamente dirección a casa, pensando en sus cosas, en nada particular, y acabó bajando por una calle anterior a la suya. Al percatarse del asunto pensó seguir adelante, desviarse a la izquierda, tomar la perpendicular y listo.
Al girar la esquina vio una de esas señales de "sin salida". Siempre le había hecho mucha gracia esta señal, una gran "T" de cabeza roja sobre fondo azul. De pequeño pensaba que la "T" venía a decir tonto, e iba dirigida a los coches que acaban dando la vuelta y cabreados por haberse metido en semejante berenjenal.
Esta vez se quedó mirando la calle, estrecha, empedrada y vetusta, tan mal iluminada que impedía ver si realmente era cierto lo que rezaba la guasona señal.
Un impulso le condujo a caminar cortando la oscuridad, cerciorarse hasta dar con la nariz en una verja, un muro o una cochera que le hiciese rehacer el camino a casa.
La calle no sería muy larga, pero la estrechez y la oscuridad ayudaban a su deformación serpentina. Caminaba despacio y aun así no pudo evitar empotrarse contra un coche aparcado. Éste, muy educado, ni siquiera pestañeó.
Poco después ahí estaba, la señal no se equivocaba, el final de la calle. Tocó la pared encalada y rugosa, apoyó en ella la espalda y miró desde la oscuridad las luces que insinuaban el resto de calles que si conducian y comunicaban con otras.
-Hay que elegir un lugar donde termina el mundo. De lo contrario estaríamos dando vueltas una y otra vez, una y otra vez.
Habló en voz alta y los pocos coches aparcados guardaron silencio. Tocó la pared por última vez y regresó a casa.

Cumpleaños

De vuelta en Canarias, de nuevo, sin word y sin folios donde garabatear los pensamientos con los que espera cerrar una etapa.
Cinco años marcados por haber conseguido un poquito de conciencia en la mirada.
Unos ojos nuevos que prefiguran, con sus fallos, un gran viaje.
¡Veintitrés veranitos, viejo! Un examen y se acabó, a empezar de nuevo, a otra cosa mariposa y que si quieres coles Mariloles.

Siempre es bueno, aunque a veces sólo sea simbólicamente, hacer balance. RIP para las redes sociales, que ya era hora, un poco de barba -o mucha, mucha... creo que me la voy a dejar, hasta la nuez... hasta el ombligo...hasta... ¡Para ya!- y balancearme un poco en esta hamaca llena de cangrejos.
Después ya se verá.

Verano de besos

Sólo sé que se hace llamar Isabel. Lo leí en la web de La Ventana, en el Blog de J.J Millás.

Espero que os guste:


Con el debido respeto hacia los esquimales, para este pastel se necesita al menos unos labios predispuestos y que nadie salga corriendo mientras haya deseo de no guardar las distancias.

Al igual que la palabra papá o mamá, porque será que “beso” es una de las primeras palabras que aprendemos a materializar mientras, agradecidos, ofrecemos un sabroso cuerpo que permite disfrutar de besos sin malicia, con sabor a polvos de talco. Quizás sea porque a pesar de todo, el afecto nunca ha dejado de ser nuestro principal alimento y allí dónde se puede, se busca ¡Y que mejor lugar que aquel donde sabemos que aún domina la inocencia permitiendo relajar el control que ejercemos sobre nuestras emociones y sentimientos! Bien es cierto que cuando no se llega a tiempo, los últimos besos puede que sepan a vacío, dolor, añoranza, arrepentimiento. Pero no olvidemos que también nacen besos con vocación de serenar.


Por otra parte, no es difícil adivinar lo que debieron hacer Josué y aquellos israelitas que le acompañaban el día que por fin pusieron pie en la tierra prometida, igual que muchas de las personas que tras un largo exilio forzoso, regresan para ofrecer sus huesos a la tierra que les vio partir. Como tampoco cuesta imaginarnos como debió ser el primer beso de la Humanidad en boca de nuestros primeros padres, y sus consecuencias. No hay que olvidar que los besos por ser ricos en matices y colores e implicar al Hombre, tienen vocación universal e imperecedera y han sido, y son, protagonistas de ritos de pasión, de Corpus Cristi, de descreimiento… y también de la manera de querer de Judas creando escuela.


Quizás sea la edad lo que a una le lleva a creer que ahora, aunque los besos tienen la suerte de vivir en libertad, no parece que haya mucha hambre. Sin embargo, en otro tiempo de privaciones, hay que ver cuantos íbamos al cine para poder salir de allí con la merienda/cena. Cuantos, cuantas veces sentimos en boca propia los besos robados a la gran pantalla. Quién no recuerda en su imaginación haberse besado con las grandes estrellas del cine, pues aprendimos a ponernos en el lugar del otro y así recrear y sentir besos románticos, apasionados, desgarradores, amistosos, odiados, libertinos, fraternales, mortíferos, vivificantes… Bien se puede decir que aquel cine también nos enseñaba a querer.


¡Que habría sido del arte si los hombres no hubieran sentido la necesidad de plasmar a través de todos los lenguajes posibles la certeza que encierra un beso, aunque esta sea de amor, odio, aprecio, cortesía, deseo, indiferencia … Quién no ha vibrado contemplando el beso de Rodin o de Gustav Klimt, o no siente como cursi, a pesar de lo que ha llovido, aquellas palabras de Bécquer “por un beso yo no sé que daría por un beso”. Y es que unos labios pueden querer besarlo todo, desde la seda hasta el hielo, desde un pétalo hasta el cristal. Desde la vida que urge en una piel suave, hasta la muerte cautiva tras una lápida de mármol. Desde cualquier bandera cuya lealtad pareciera quedar comprometida hasta la Copa dignificada con los besos apasionados del ganador. Son sensaciones que a su vez permiten emociones de agrado o rechazo propias de los seres que se saben vivos y que definen todo tipo de relaciones más allá del parentesco.


Hay quién pretendiendo un beso a medianoche se encuentra con el desagrado de tener que dejarse besomordisquear por un vampiro embaucador o por la mujer pantera, y aunque no es de extrañar que creen adicción los besos crepusculares, a los mayores que nos dejen soñando con aquellos besos que nunca nos aguardarán en Paris. Tampoco sientan nada mal los besos de amor eterno mientras buscamos la Fuente de la Vida, si bien ¿quién no se conformaría con revivir aquellos de Aquí a la eternidad? No obstante, que gusto sentir como propios los besos pasados por agua de Noa que bien merecieron un diario, y si es la muerte la que aprieta, que nunca nos falte la proa de un barco a la luz de la luna, sin importar edad. Por cierto, menudo trauma infantil si la bella durmiente se hubiera quedado sin su beso y nosotros sin el bolero.


Por otra parte, ahora que las mujeres trabajamos fuera de casa, atrás queda la imagen de aquel cartero que se llevó de propina algo más que unos cuantos besos apasionados y todo por llamar dos veces. Claro que si no hay posibilidad de aventura amorosa en el Moline Rouge, más nos vale quedarnos Encadenados, no vaya a ser que nuestra mejor cosecha de kisses se la lleve el viento. Y es que cuando de sentimientos se trata, no me importa poner a Dios por testigo. Lo cierto es que si Harrison Ford hubiera dejado a Raquel con ganas de probar la miel de sus labios antes de abandonar aquel pueblo amish, yo misma habría exigido la devolución del importe de la entrada. Y por último que mejor final que un beso de película aunque los diamantes brillen por su ausencia y sin nada que desayunar. Aunque si la ultima noticia de un telediario es un beso de despedida tampoco está nada mal para alegrarnos la cena.


Hablando de besos, no hay que olvidar que algunos aunque dejen el cuerpo en paz, el alma se queda en vilo. Son esos besos de despedida sin retorno. Besos de adiós obligado. Besos sin huella porque les falto carmín. Besos de traición y despecho. Besos robados al aire. Besos donados mal trasplantados. Besos violentando dignidades. Besos acomplejados. Besos soñados, nostálgicos de infancia. Besos que nunca debieron ser robados. Besos desperdiciados por falta de dueño. Besos anoréxicos o cínicos. Besos encubridores. Besos gélidos de sentimiento. Besos de padres e hijos huérfanos de besos. Besos profundos que nacieron para el olvido. Besos perdidos por el camino. Besos de espejo roto que nunca pudieron ser descubiertos. Besos que nunca nos enseñaron ni tampoco tuvimos interés por aprender. En fin, besos regalados al universo sin que nadie los necesite.


Tantos y sin embargo, parece como si hoy fuesen pocos los besos que se ofrecen para ser pintados, cantados, fotografiados, soñados, narrados… sentidos, disfrutados, vividos. Si bien el día que de verdad flojeen los besos, que se prepare la fluidez de las palabras para su desgracia. Aunque por suerte siempre andará por hay un loco que pida besos para cenar.


PD. Se aceptan besos con sabor a melón y sandía para animar el verano en una cuenta corriente de libre disposición y con saldo a favor. Transferencias libres de comisión.


http://lacomunidad.cadenaser.com/la-ventana-de-millas/2009/6/19/instrucciones-dar-beso/2

Sabadear

Luz

Remolonear

Pies descalzos

Espejo

Café

Jazz

Dientes

Ducha

Leer

Cocina

Pies descalzos

Peli

Siesta

Calor

Té rojo

Teléfono

Amigos

Conversación

Cerveza

Copas

Conversación

Portal

Baile

Ella

Ojos

Debilidad

Cama

Esta es la vida que me importa. Puede que esté más o menos vacía o más o menos llena, puede que esto no me deje en buen lugar en comparación con un adolescente granuloso, o puede que me convierta en un tipo genial. La verdad es que eso me importa un carajo. Estas son las cosas que me diferencian de los animales, que me hacen aparecer como la persona que quiero ser el resto de mi vida, con la gente con quien quiero estar todo el tiempo que vaya a estar.

Esta es mi vida, más allá es imposible.


Bajo la piel

Era la primera vez que viajaban juntos. El trayecto era largo y había sido soñado durante algunos meses difíciles. Por fin llegó el día. Era muy temprano, tanto que todavía podía ser tarde. En la oscuridad, al pasar por un túnel, él se despertó y la miró. Dormía entre dos asientos en el fondo del autobús. Con las gafas negras casi caídas y la cabeza recostada sobre su pierna, le recordó a todas aquellas mujeres a las que siempre quiso pero que un día simplemente olvidó. Empezó a acariciar suavemente su cuello, el hombro que no quedaba acostado y al bajar al omoplato vio que se estaba pelando. Demasiado sol. Coqueteó con un lunar y bajó la mano, curioso. Sacó un par de pequeñas plumas blancas. Las miró, y sonrió recordando aquel deseo que había pedido al soplar la tarta de sus once veranos. «Llegó a tiempo» dijo bajito, mirando al tapizado gris del techo del autobús, y guardó las plumas en su bolsillo izquierdo mientras pensaba si a los ángeles de la guarda se les permitiría enamorarse.


No lo sé

Este sábado no estabas, como no estuviste tantos otros sábados. Pensaba en ti, mi invisible, durmiendo todo el día. Preparé café para dos, pero se echó a perder porque me olvidé de él, se quemó. Te escribí un mensaje que no contestaste y, por fin, bebí una buena taza de café.

Leí a Bukowski y me puse a trabajar.



Un mayo muy poco octubre

-¿Estamos en octubre?

A lo que cualquiera hubiera podido contestar tranquilamente:

-No

Sin que nadie, o apenas nadie, añadiera:

-Qué pena.


Ni siquiera sonó por las emisoras un viejo cantable:


Por nuestra juventud

En que llenos de inquietud

Tuvimos fe

Y deseos de vencer.


(…) No, el paraíso no era sólo la caza, no era sólo un sur real o fingido al que dirigirse. El paraíso era, sobre todo, la conciencia de la existencia del sur. El saber que no había gestos inútiles porque al final de alguna parte estaba, no el lugar del que no se quiere regresar, sino aquel que ya no es necesario buscar. Esa conciencia, ese saber, era lo que había dado vida a tantos esfuerzos de tantos hombres que habían dado su vida y sus esfuerzos porque tenían esa conciencia. Era lo que latía en el trayecto de Humphrey Bogart, en Casablanca (…)


« ¿Me sigue? Te educan en la esperanza del paraíso y te conducen por el camino que te lleva al absoluto. Y cada día reduces a la escala de tu vida cotidiana la conquista del paraíso y el camino del absoluto. A lo sumo consigues volver a casa y dormir en paz.»


He aquí el destino de la vieja historia. El intelectual, al fin, descubriendo, mucho antes de que vinieran los posmodernos a liarla, que la historia es siempre el presente y que nos han tomado el pelo a base de vendernos el mañana prometido a cambio de un hoy que nunca acaba. Ése es el verdadero pecado original. Saber. Saber de la existencia del tiempo. La inocencia es, precisamente, la no ciencia, el no saber. Pero el hombre quiso ser como Dios –o en su defecto como el dueño de la empresa o el presidente del consejo de administración de un banco-, y comió del árbol de la ciencia del bien y del mal y supo lo que era el bien, por su ausencia, y lo que era el mal. O, para decirlo simplemente: supo. Como el niño descubre la vaciedad de los pronombres, del yo y del tú. El pecador descubre la vaciedad de los adverbios de tiempo, del hoy y del mañana. Inmutables en su sentido en cada amanecer.


Y, sin embargo, «era imposible vivir sin estar en el camino de alguno de estos paraísos, con los labios amorrados a las tetas de uno de los dos absolutos», volvió a escribir refiriéndose a los dos únicos y auténticos paraísos: el pasado, Dios, o el futuro, la dialéctica. En medio, justo en medio, nos hemos quedado un poco todos. Huérfanos de Dios, que murió de muerte natural por obra y gracia de Galileo y Hobbes, de Cromwell y de Kant, de Marx y de Darwin, que lo mataron poco antes de que llegara el chuleta de Nieztche a apuntarse un asesinato que nunca se hubiera atrevido a cometer.


Con algo bien aprendido del viejo Menelao:

«Aprende que el sentimiento griego de la vida enseña que somos víctimas o verdugos y que las víctimas sólo pueden subdividirse en humilladas y ofendidas. Si eres alto de tensión serás una víctima ofendida y si eres bajo de tensión serás una víctima humillada. Me parece que ya te lo he enseñado todo. De la literatura griega sólo puedo decirte que hay un largo silencio lleno de cuchicheos. Jamás la literatura enseñó nada a nadie. Nada enseña algo a nadie. Ni los ojos. Un impulso te hace vivir y tratas de aprender a vivir, y el aprendizaje sin fortuna es la vida misma.»


FRANCESC ARROYO

PROLOGO DE ESCRITOS SUBNORMALES. MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN.

PP. 10-11.

Mi Falso Borges